Lo que voy a hacer en esta entrada es explicaros un poquito cómo era una mañana normal (desde mi perspectiva, claro) en el campamento. Comencemos pues.
Un sonido estridente me despierta. La alarma. La puta alarma. La noche anterior me costó conciliar el sueño, y son las nueve. Corro a ducharme, para no llegar tarde. Cuando termino, meto las cosas en la mochila y salgo de casa, justo a tiempo para llevarme una ostia de sol considerable. Y es que el calor que hizo esas dos semanas no fue normal.
Cuando llego al colegio, media hora antes de que abran las puertas para los niños, ¿qué me encuentro? efectivamente, niños. Yo no sé por qué decimos que vengan a las diez, si vienen antes. Y tampoco sé qué coño hacen que les dejan pasar. Luego que si les quitamos la ilusión, pero es que nos ven hasta disfrazarnos. Da igual, sigamos:
Intento vestirme de Javier (el niño de siete años protagonista del teatrito) mientras cierro la escena de ese día con mi compi de ese día (que se encuentra pintándose la cara de estrella), y mientras trato de escuchar por qué canción van en el círculo. Porque mientras yo hago todo eso, el resto se encuentra en un círculo con los niños cantando canciones de campamento. Y sí, lo habéis adivinado, mola mil. A continuación de eso llega la parte más difícil: taparme la perilla. Seguro que a estas alturas os estáis preguntando cómo lo conseguí. Y cómo se puede disfrazar una persona de estrella sin que quede rarísimo. Tenéis suerte, existen fotos.
Aquí tenéis, Javier y la Estrella de la Sabiduría. Dábamos un poquito la pena, pero los niños se divertían. Observad la cara de paz y meditación de aquí mi colega Jorge. Y observad también la cutrada que hice para taparme la perilla. Los niños el primer día se preocuparon, no entendían por qué Javier tenía una brecha en la barbilla.
En cuanto acaban los diez minutos (que nunca son diez) de escenita para los chavales, empiezan los talleres. Y me encuentro con la necesidad de estar en dos sitios a la vez, así que debo vestirme de persona otra vez y correr hacia la clase, en la que antes del taller de Ritmo, viene una asamblea con los niños en la que se discute el tema principal del teatrito, y se hacen compromisos para ser una persona mejor, que tengan que ver con ese mismo tema principal.
Si pensabais que esa parte es fácil... pensadlo otra vez. A mi grupo nos toca el grupo de chavales de 12 a 15 años, esto es, preadolescentes y adolescentes hormonados hasta las trancas que tienen que ser los más guays del patio, o de allá donde se encuentren. Que si uno no se quiere quitar los cascos, que si otro no quiere participar porque le da pereza, que si a otro le da vergüenza abrirse al grupo, que si otro no se entera, que si dos se ponen a hablar de sus movidas en un tono alto... Y claro, combinas eso con la poca paciencia que tengo yo, y vamos apañaos. Aun así, es un momento del día muy bonito.
Gracias a mis compañeros monitores conseguimos pasar la asamblea y empezar con el taller. Me dan la palabra, organizo a los chavales en la clase, como hacemos todos los días, y les doy instrumentos de percusión. Instrumentos de percusión tan dispares como unas claves, un montón de shakers, mis propias baquetas para que las entrechoquen o unos cubos de basura dados la vuelta. Al acabar el campamento, el colegio tuvo un déficit de cubos de basura importante.
Una vez están los chavales colocados, les enseño una batucada que uno de mis grupos favoritos hizo en un concierto en Alemania (y colgó el vídeo en Youtube, que si no estás que me acuerdo). La verdad es que los chavales son unos putos máquinas. En futuras entradas subiré el vídeo de cómo quedó, para que flipéis un poquito.
A continuación, les toca a mis compañeros hacer sus movidas, más musicales que dar golpes a cosas. Movidas como enseñar canciones en africano a los chavales, que aprenden más rápido que yo, o montar un canon con niños de cualquier edad (y no sólo eso, sino conseguir que quede bien). La verdad es que como futuro profesor de música de primaria, me sirvió para tener una primera toma de contacto con esto de llevar una clase de música y no desesperar en el intento.
Pasado el grupo de los mayores, nos toca recibir a los más pequeñitos (6-8 años), y después, a los medianos (9-12). No hay mucho que más que contar de eso, hacemos casi las mismas cosas con todos, que con el poco tiempo de preparación que tenemos generalmente, bastante es conseguir llenar una hora.
Al fin llega la una de la tarde, y es hora de despedir a los chavales. Les acompañamos a la puerta, procuramos que no se metan en ninguna furgoneta con el letrero "Regalo caramelos" pintado con spray, y nos recogemos para dentro. Y recogemos los talleres, otra de las partes aburridas del día. Y yo me quejo, que lo mío solo es mover sillas, pero alguna vez he ido a ayudar a los de manualidades y no entiendo cómo no terminaron suicidándose. Acabamos de recoger, hablamos de cómo se ha dado el día, preparamos las canciones del día siguiente, y a comer.
Continuará.
martes, 4 de agosto de 2015
sábado, 25 de julio de 2015
Campamento Urbano '15. Parte I, "Los comienzo"
La verdad, no sé por dónde empezar. Así que empezaré por el principio:
Una mañana estaba en una reunión de antiguos alumnos, haciendo lo que se hace normalmente en nuestras reuniones de antiguos alumnos: jugar a volleyball. Y vi a dos amigos, Jorge y Alberto, hablar con una mujer que ni puta idea de quién era. Me dijeron que era la coordinadora del Campamento Urbano, mi cosa favorita de los veranos hasta 2011, y que no me acuerdo por qué dejé. Para los que no lo sepáis, es un campamento urbano grande, para gente de 15 a 18 años (y 20 y 22... joder, qué viejo me siento), en el que el hilo conductor y el objetivo más importante es preparar un minicampamento (mal llamado Campo de Trabajo, llevo luchando para cambiar ese nombre muchísimos años) para niños, en el que se diviertan, y adquieran valores para su vida diaria. Es la ostia.
Ciertamente, me picó el gusanillo. Los últimos años, cuando ya me tocaba cuidar de enanos, y no ser yo el propio enano, habían sido la ostia [Sí, ostia, sin hache. Porque me sale de la polla], y además estar con la gente de Villaverde, esa a la que veo mucho menos de lo que debiera, me molaba mucho. Aparte de que, joder, la última vez pillé cacho, y eso influye, para qué voy a mentir. Cuando me quise dar cuenta, estaba apuntado. A todo. Alberto y yo decidimos que queríamos vivir la experiencia completa: comer y cenar allí, hacer las dinámicas con el resto de monitres... no limitarnos solo a ayudar con el Campo de Trabajo, sino aprovechar al máximo la oportunidad. Y no solo eso, sino que además, había accedido a ser el prota de la cosa que más me gustaba de este campamento:
Imaginaos a todos los niños, en corro, después de cantar las típicas canciones de campamento, sentados esperando la llegada de un personaje extraño que ven todos los días. Los pequeños, superilusionados, los mayores tratando de descubrir quién está detrás del disfraz... y los medianos esforzándose por cumplir los valores de los que hace gala. Es lo más bonito del mundo.
A decir verdad, es solo un teatrito, de diez o quince minutos que se hace todas las mañanas para todos los niños y monitores y que es a su vez, el hilo conductor del Campo de Trabajo. Las cosas tratadas ahí son los valores del día (cariño, sabiduría, ilusión....) y se trabajan un poco antes de los talleres. Pero desde el primer año que lo hicieron, mi yo de enano soñaba con ser el prota. Se me había cumplido un sueño.
El lunes 13 empezamos con los niños, pero un par de días antes, Alberto y yo fuimos a comer con los monitores, y empezar nuestro campamento.
Si os digo la verdad, me resulta muy curioso pensar en ese momento. No podía evitarlo, y mi cerebro no dejaba de intentar averiguar con quien me iba a llevar mejor o peor, con quien podía tener más o menos cosas en común, quién iba a juzgarme por mi peculiar físico... Y mi cerebro (que no yo, ojo, que yo no me equivoco nunca) se equivocó por completo.
Todo comenzó a ser extraño cuando empezaron a decir las edades. El campamento se ofrece a personas de fuera de Madrid, de los colegios Vedruna, que están a punto de pasar a 1º o 2º de Bachiller, justo la edad con la que dejé de ir a este campamento. ¿Qué ocurre? Que yo he crecido, pero la edad a la que se ofrece no ha cambiado. Y de repente me encontré con gente que había nacido incluso en el 99. En el puto mil novecientos noventa y nueve. Haceos una idea, Kurt Cobain estaba remuerto, a las pesetas les quedaban dos telediarios. No me creía que personas nacidas en ese año no fueran niños. Y mucho menos que fuesen capaces de mantener una conversación sobre algo que no fuera el sabor del zumo que quieren con la merienda (el de melocotón y uva es el mejor y lo sabéis).
Otra vez que fallo estrepitosamente al prejuzgar. Al llegar la noche de ese primer día me doy cuenta de que estoy con personas que molan bastante, y que no es que ellos sean jóvenes... es que soy yo, que me estoy haciendo viejo. El sábado pasó y el domingo me hicieron ir a misa. A mí, a la persona más atea de la faz de la tierra. Pero me lo pasé bien, me dieron un djembé. Soy como un crío, me das algo con lo que jugar (o hacer música) y me estoy calladito y en mi sitio en cualquier parte.
Ni nos dimos cuenta, y estábamos en la noche previa al primer día. Nervios. Miedo a que las cosas salgan bien. Y yo, como tenía que ser el prota del teatrito, al llegar a casa (a las doce de la noche pasadas), tuve que prepararme el disfraz. Tenía que hacerme pasar por niño de 7 años. Esto es: taparme la perilla (al principio complicado, después fácil. Y no, afeitarse no era una opción), elegir ropa de crío, esconderme el pelo... y depilarme las piernas. Ahí estuvo lo complicado. ¿Habéis intentado hacer una cosa de un modo que os parece el mejor, y aunque claramente no lo sea, habéis seguido erre que erre por pura cabezonería? Pues eso resume bastante bien esa noche. Hasta las dos de la mañana. Y tenía que levantarme a las ocho.
Terminado todo me fui a la cama, con un montón de cosas que pensar: las reacciones de los niños cuando me viesen disfrazado, la aceptación que tendría mi taller (de Ritmo, pero de eso hablaré en la siguiente entrada), y cómo mutarían las relaciones entre los monitores. Porque esa es la cosa más interesante de los campamentos: juntar a un montón de adolescentes hormonados en el mismo sitio, con restricciones y siempre algo que hacer, a ver cómo se desesperan y qué hacen. Y no malinterpretéis el uso de la tercera persona en el anterior enunciado, yo soy más adolescente hormonado que cualquiera.
Acabo esta entrada prometiendo que, por suerte o por desgracia para vosotros, habrá más. Porque me apetece y porque este es mi blog y me lo follo cuando quiero. Ah, y os animo a construir una frase con la primera letra de cada párrafo. ¿Ya lo habéis hecho? Reíos a gusto.
Besis de melocotón y uva.
domingo, 24 de mayo de 2015
Cosas que odio
Que pase el tiempo:
Tíos, yo era feliz. Era feliz llevándome el tamagotchi a clase, e inventándome truquitos para que no se notase cuándo le cambiaba las cacas. Era feliz cuando le quería decir algo a mi compañero de la otra esquina y hacía rular un papel mal doblado con un "eh, mira, a la profe se le nota un pezón". Cuando me dejaba el libro en clase y eso significaba llamar a alguno de mis amigos para que me dictara las preguntas durante cinco minutos y hablar de nuestras mierdas otros veinte.
Era feliz cuando para reirme en una conversación por escrito con alguien (como las notitas de clase), tenía que escribir "jajaja", no la mierda esa de xD.
Pero no. El tiempo tiene que pasar. Y ahora no me busco las mañas para distraerme en clase cuidando de un bichito pixelado, sino que saco el ordenador y me pongo a jugar a Pokémon en alta definición.
Ya no le mando notitas a mi compañero de clase, sino que saco el ordenador y me meto en WhatsApp Web para decirle lo que sea, adjuntar una foto y doscientos mil emojis.
Ahora me dejo el libro en clase y... Ah, no, espera, que lo que usamos son manuales en pdf, que guardo en el ordenador y puedo encontrar fácilmente por internet.
Y el xD... Sigo sin explicarme por qué utilizamos la representación de la cara de un hombre tuerto con un ojo cerrado y la boca abierta para reírnos.
Los textos a ordenador no justificados
A ver, tenemos acceso a procesadores de texto con los que Gutenberg se masturbaría, podemos hacer que lo que escribamos sea bonito, proporcional, correcto tanto ortográfica como gramaticalmente, variado, y aun así, aunque haya un botón que al pulsarlo haga que las líneas automáticamente se compensen unas a otras, no lo pulsamos. Porque "no se nota", decimos. Pero decidme vosotros a mí, ¿no es mucho más bonito el párrafo anterior, justificado, que este sin justificar?
La expresión "Esto es como todo"
Esta me toca especialmente los cojones. ¿Qué es ese todo? ¿Se refiere al conjunto de la absoluta totalidad de conceptos del universo? Entonces claro que es como todo.
Pero es peligroso. Porque si dices que todo es como todo, estás comparando y diciendo que son la misma cosa una silla y una hamburguesa. O una prospección petrolífera y una prospección anal. Y créeme que no quieres que te metan una de esas cosas para encontrar petróleo por tu asterisco.
Pero no me molesta solo por eso, no. El subtexto de esta expresión es "mira, me has contado tu movida, y entiendo que estés jodido por x, pero honestamente no se me ocurre nada que decirte o (en el mejor de los casos), me la come de canto lo que te pueda estar pasando. Así que te digo que eso es como todo, y cambiamos de tema a uno que me interese más a mí".
Y también están sus variaciones: Es lo que hay o mi favorita: tú no te rayes, tío, tu pasa.
Parecer borde en los chats.
Esto se merecería una entrada entera. Pero soy un puto vago. De hecho, si algo debéis saber de mí son tres cosas: soy un puto vago, soy un puto chulo y soy un puto amo borde. Lo que me lleva al tema principal de este apartado, Si es que está tó pensao.
Amo el idioma escrito. Me encanta escribir bien. Vale, que sí, que las dos últimas palabras del párrafo anterior son dos vulgarismos como dos chalets adosados de grandes, pero no tiene nada que ver una cosa con la otra. A lo que voy es a que me gusta poner tildes, comas, comillas, usar la cursiva cuando es posible, y sí, me gustan los puntos finales.
"Ok, Jose, pues vale, ¿y?", diréis. Pues el problema viene a la hora de poner un punto y final en un chat. Instantaneamente parece que lo estoy diciendo a malas. Aunque la conversación vaya del estilo de:
"-T gusta kmo me keda el vestido??? :P
-Sí, estás muy guapa.
-Joder pedazo d borde xd si n te gusta ps me lo dices"
Y claro, mi cara oscila entre "Pero qué gilipollez de conversación" a "Pero qué gilipollez de persona"
Parece que hay que escribr cmo un rtrasado xdxdxdxd xra q la gnt n se sienta ofendida xd.
Vosotros
Todos, todos vosotros. No sois más que piezas en un engranaje que no sabéis de la vida. Los que andáis por ahí con la cara larga no habéis sufrido lo que he sufrido yo, no tenéis derecho a quejaros.
Los que vais por la vida sonriendo sois unos mierdas a los que se lo han dado todo hecho y no tenéis que trabajar tanto para sacar una sonrisa como lo hago yo.
No tenéis ni puta idea de lo mal que lo he pasado, para que vengáis encima a contarme vuestros problemas de mierda, cuando a mí me cuesta sonreír incluso si me cuentan un chiste. Pero aun así, aun así os escucho, porque si no no me escucháis a mí.
Intento que os deis cuenta de que estoy jodido, ¿vale?. Me quedo pensativo, con cara afligida en clase, mirando al infinito, pero no me preguntáis nada. Niego los planes diciendo que prefiero quedarme en casa, para autocompadecerme, a ver si así despertáis, pero no. Estáis encerrados en vuestra burbuja de "soy la persona más importante del mundo, y los demás son secundarios para mí, meras piezas en un engranaje". Sois mierda. Y os odio. Pero os pongo buena cara para que no me veáis como un borde.
La gente así ↑
(El apartado anterior ha sido mitad crítica medio irónica a ese tipo de gente, mitad crítica hacia mí mismo, porque hay veces, muchas veces, que no salgo de mi ombligo, y llego a ser así de gilipollas)
sábado, 23 de mayo de 2015
No es el mejor dia
La verdad es que hoy no es el mejor día para ponerme a escribir esto. Tampoco es el mejor día para ponerme a discutir detalles de mi futuro inmediato. Ni para acabar la única temporada de una serie. Hoy no es el mejor día para pasarme la tarde en casa solo aunque haya gente. Hoy no es el mejor día para respirar.
Últimamente nunca es el mejor día para nada. Ni siquiera para sonreír. Y no es que me falten motivos, es que no los considero suficientes. Siempre he sido así, demasiado exigente. De hecho, estoy escribiendo esto y me está pareciendo una puta mierda. Y no me gusta hablar de mis mierdas por aquí, pero como tampoco me lee nadie, pues yo me desahogo. Y a ver si hay suerte y los pocos que me leéis, aprendéis a ser felices con lo poco que tenéis y me enseñáis cómo se hace.
Llevaba sin actualizar esto más de un mes. Y han pasado mazo cosas en este mes. He comido un montón de veces, y cenado unas pocas menos. He bebido mucha cerveza, en buena compañía y en no tan buena. He escrito un poquito sabiendo de qué hablo y un huevazo sin tener ni puta idea. He compuesto las canciones más bonitas del mundo cinco minutos antes de entregarme a la redención amnésica del sueño, causando no recordarlas a la mañana siguiente. He sido social, he sido asocial. He cumplido mis necesidades biológicas un mes más, así que sigo vivo. He aprendido, un poquito más, a vivir.
He aprendido un poquito más a vivir. Pero esto es como todo (odio esa expresión), cuanto más sabes, más difícil se te hace, porque tienes que (y quieres) estar atento a más cosas. Me recuerda a cuando empecé a tocar la batería: me conformaba con mantener el ritmo con las dos manos y que no se me cayesen los palos de tocar. Y esta mañana he estado ensayando, y si en una estrofa no me salía de la "norma", metiendo notas fantasma o golpeando un tom porque sí, me sentía un batería de mierda.
He aprendido un poquito más a vivir, y me he dado cuenta de lo difícil que es. Que, como dije hace más de un mes, las pequeñas decisiones llevan a acciones medianas, que conducen a consecuencias inmensas.
Como dice la canción que estoy escuchando ahora mismo, seguiré corriendo. Porque no me queda otra. El tiempo avanza inexorablemente. Habrá que seguirle el paso.
lunes, 20 de abril de 2015
Los puntos se conectan hacia atrás
Hoy he tenido que hablar delante de toda mi clase sobre el tema que yo eligiera. Y como me he currado tanto el discurso, pues he pensado que sería genial dejarlo por aquí y que vosotros me dijeseis qué os parece.
La experiencia ha sido genial. Pese a los nervios (o, qué carajo, gracias a los nervios). He sentido que he conectado con la clase, que de verdad el tema les interesaba, y ha sido genial. Y la idea de meter música de fondo, concretamente la BSO de las 5ª y 6ª temporadas de Doctor Who, ha sido la polla.
No os entretengo más, ahí va:
Muy buenas tardes a todos.
A los que ya me conocéis la siguiente frase os va a resultar un poco inútil, pero para los que no, va a ser ciertamente reveladora, así que ahí va:
Me llamo Jose.
Entré el año pasado en esta universidad. Y este curso en vuestra clase, y antes de nada me gustaría daros las gracias, porque desde la ESO no me sentía tan arropado en una clase como me siento ahora así que este aplauso es para vosotros.
Muchos ya me conocéis, pero para los que no, bueno, solo decir que mi cantante favorito es Abraham Mateo, mi saga de películas favoritas, las de Crepúsculo, aunque si convierten en saga las de 50 Sombras de Grey… me parece que va a estar ahí… a la zaga.
Mi programa de televisión favorito es Mujeres y Hombres y Viceversa, pero últimamente no lo puedo seguir mucho, que hay que entrar pronto a la uni, y disfruto a horrores con la prosa de Kika Superbruja.
El octavo es mi favorito, eleva la tensión a niveles insospechados. No sabes si va a conseguir salvar el mundo y llegar a casa para acabar los deberes a tiempo para la clase de naturales… Aunque creo que mejor no os lo destripo.
Soy monárquico, católico, voté y votaré al PP cada vez que se presente a las elecciones, si tengo que elegir mi cita favorita… sería una cena en un buen restaurante. Y si os habéis creído todo esto… quiere decir que miento mejor de lo que creía.
Después de esta presentación más bien cómica, vamos a lo nuestro. Al principio pensé en aprovechar esta oportunidad que se me brindaba para hablar un poco de mí, hacer que me conocieseis más, quizá contaros alguna historia de mi vida…
Pero luego pensé que no todos los días se me presenta la oportunidad de hablar delante de un grupo de gente. Y que para una vez que puedo hacerlo, mejor hablar de un tema que pueda llegar a interesar.
Así que, si esperabais conocerme más después de esta presentación, o tenéis curiosidad sobre mí, podéis acercaros y decirme “hola”, que no muerdo. Pero hoy, quiero hablaros de otra cosa.
“Los puntos se conectan hacia atrás”. Esta frase la pronunció Steve Jobs en uno de sus discursos de Silicon Valley y aunque pueda parecer un poco críptica al principio, su explicación es bastante sencilla. Simplemente, quiere decir que no podemos conocer las consecuencias de nuestros actos, o de nuestras decisiones, hasta mucho después de haberlas tomado.
Cuando escuché esa frase por primera vez, hace ya más de un año, me puse a hacer introspectiva.
Pensé en la situación en la que me encontraba en ese momento y cómo había llegado hasta allí. Las decisiones que había tenido que tomar, las cosas a las que tuve que renunciar, los malos momentos, los buenos, incluso las acciones más nimias.
Todas ellas contribuyeron a que yo, en ese momento fuera feliz. A que me despertara cada día con una sonrisa. A que ganara confianza en mí mismo. A que me apeteciese vivir.
Y bueno, aquí no hay nadie que me conozca hasta ese punto, pero puedo deciros que todo eso fue un verdadero logro.
Escuché hace mucho otra frase, no me acuerdo dónde, ni quién la dijo...
Bueno, de hecho sí me acuerdo de quién la dijo. La dije yo. Toda esta situación me ocurrió a mí, pero a la hora escribir este discurso, me ha parecido demasiado buena como para atribuirme el mérito a mí mismo.
Debí de escucharla en la televisión, o de leerla en internet o en algún libro. No puede ser que sea fruto de mi mente exclusivamente.
Se trataba de una pareja, que estaba empezando a salir, y tenían esa pasión, ese amor primigenio…. Bueno, todos sabemos a lo que me refiero. Y se encontraban tumbados en la cama.
Y sabemos todos igualmente que las parejas que están empezando se tiran todo el día en la cama, pero no penséis mal, estaban a punto de dormir.
Y uno de los dos tenía a la persona que quería en frente, cogiéndola de la mano, mirándola a los ojos… y decía algo así como:
“Agradezco todas y cada una de las decisiones que he tomado, cada lágrima que he llorado, cada vez que he reído, porque todas esas pequeñas cosas me han llevado a estar ahora aquí, contigo. Y eso no lo cambiaría por nada”
La reacción más lógica al escuchar todo esto que os he dicho es decir: “Vaya, pues a partir de ahora voy a procurar que cada uno de mis pequeños actos me lleve a esa felicidad tan alucinante”.
Pero no es tan fácil.
Recordemos lo que decía Steve Jobs acerca de que los puntos se conectan hacia atrás.
No puedes saber si haber salido a la calle sin paraguas ese día va a conseguir que una chica preciosa se compadezca del pobre chaval empapado que anda corriendo de balcón en balcón y se ofrezca a compartir el suyo.
Ni puedes decir con absoluta certeza “Voy a coger la mención en inglés, voy a terminar la carrera, me voy a ir a trabajar a Londres, me voy a enamorar de una londinense bajita y con pecas y vamos a ser felices allí”.
Porque no. Porque no funciona así.
Eso sería conectar los puntos hacia delante.
Sería intentar buscar la lógica en lo ilógico del universo.
Sería imposible.
Hay cosas que, simplemente, no se pueden prever.
Así que equivoquémonos, tropecemos, caigamos, levantémonos otra vez para pisar una piel de plátano y volver al suelo. Rompámonos la cabeza, los brazos o el corazón.
Digamos te quiero aunque no estemos seguros de si es correspondido. Vivamos. Porque eventualmente, llegará el momento en el que seremos felices.
Y en ese mismo momento agradeceremos todas y cada una de las cosas que nos han llevado a ello.
Y estaremos dispuestos a tropezar otra vez.
Muchas gracias.
martes, 14 de abril de 2015
Fauna y flora del culto al cuerpo. Parte I
Seguro que lo estabais esperando.
Hoy os voy a hablar de la clase de gente que me encuentro en el G y M. [¿Ge y eme? ¿Qué es ge y eme? Aaaah. Gimlaaasiaa]*
El primer punto a tener en cuenta es que, en efecto, no. No hay ningún tirillas más.
El tío al que más me parezco me saca dos cabezas y otros tantos brazos.
En segundo lugar, no sé dónde se esconden, o si son o no un mito, pero esos gordetes graciosos que se apuntan al gimnasio a bajar las lorcitas no existen. Creía que la simple visión de uno de ellos me animaría, ya que dada mi condición de tirillas, seríamos como la misma cosa pero al revés. Pero no.
La fauna del gimnasio se divide, así a grosso modo y según el criterio de mis cojones al viento, en dos categorías: Machokes y Hitmonchans. Por si no estáis familiarizados con estos términos, esto es un Machoke;
...y esto, un Hitmonchan:
Machokes: Son esos tíos que... Bueno, creo que la foto de Machoke les hace bastante justicia. Imaginaos eso pero color carne. Nunca, pero nunca les veo en la zona de piernas, siempre están esculpiendo sus torsos o levantando hierros inmensos mientras hacen poses delante de los espejos (tristemente, esto no es broma).
Aunque parezcan unos monstruos desalmados, la verdad es que son los más majetes. No dejan de lanzarse pullitas entre sí, y si no sabes hacer un ejercicio bien (lo que ocurre continuamente porque las máquinas no es que sean lo más intuitivo del mundo), te ayudan con una sonrisa.
Hitmonchans: Por otro lado, estos parecen chavales normales, en sus veinte... Hasta que se levantan la camiseta, o les ves hacer ejercicio. Les llamo Hitmonchans porque lo más probable es que sean boxeadores amateur o profesionales, ya que Parla posee una gran cantera para este deporte.
Estos son menos majetes. A alguno sí que he cazado mirándome mal.
... Lo que no entiendo es por qué. Seguro que es por mi perilla.
Esto en cuanto a la fauna. Ahora vayamos con la flora. Es decir: lah muhereh.
Esto es sencillo: Están las mujeres, que de caracterizan por no abandonar las primeras dos filas de máquinas (las correspondientes a cardiovasculares) que, imagino, van para perder peso, o lo que sea. Y luego está la tía buena. Sí, sí, en singular. Le dedicaré una entrada aparte seguramente, así que sólo diré que entró un par de días después que yo y ya alcanzado a hacer la rutina que yo hago.
Lo cual me deja en la categoría de tirillas al que puede una mujer. Y bien orgulloso que estoy, hombre.
Y nada más. Probablemente haga una segunda parte de esta entrada, según vaya conociendo más y más gente y las clasifique metalmente en más y más grupos simplemente para autoconvencerme más y más que aunque ellos levanten unos hierros de la ostia... yo soy más gracioso.
Larga picha y prosperidad
*Esto de aquí. Haced clic donde pone "aquí". No, no me miréis con esa cara de "Jose, sé cómo funciona un hipervínculo" porque alguna vez ya lo he tenido que explicar.
Hoy os voy a hablar de la clase de gente que me encuentro en el G y M. [¿Ge y eme? ¿Qué es ge y eme? Aaaah. Gimlaaasiaa]*
El primer punto a tener en cuenta es que, en efecto, no. No hay ningún tirillas más.
El tío al que más me parezco me saca dos cabezas y otros tantos brazos.
En segundo lugar, no sé dónde se esconden, o si son o no un mito, pero esos gordetes graciosos que se apuntan al gimnasio a bajar las lorcitas no existen. Creía que la simple visión de uno de ellos me animaría, ya que dada mi condición de tirillas, seríamos como la misma cosa pero al revés. Pero no.
La fauna del gimnasio se divide, así a grosso modo y según el criterio de mis cojones al viento, en dos categorías: Machokes y Hitmonchans. Por si no estáis familiarizados con estos términos, esto es un Machoke;
Machokes: Son esos tíos que... Bueno, creo que la foto de Machoke les hace bastante justicia. Imaginaos eso pero color carne. Nunca, pero nunca les veo en la zona de piernas, siempre están esculpiendo sus torsos o levantando hierros inmensos mientras hacen poses delante de los espejos (tristemente, esto no es broma).
Aunque parezcan unos monstruos desalmados, la verdad es que son los más majetes. No dejan de lanzarse pullitas entre sí, y si no sabes hacer un ejercicio bien (lo que ocurre continuamente porque las máquinas no es que sean lo más intuitivo del mundo), te ayudan con una sonrisa.
Hitmonchans: Por otro lado, estos parecen chavales normales, en sus veinte... Hasta que se levantan la camiseta, o les ves hacer ejercicio. Les llamo Hitmonchans porque lo más probable es que sean boxeadores amateur o profesionales, ya que Parla posee una gran cantera para este deporte.
Estos son menos majetes. A alguno sí que he cazado mirándome mal.
... Lo que no entiendo es por qué. Seguro que es por mi perilla.
Esto en cuanto a la fauna. Ahora vayamos con la flora. Es decir: lah muhereh.
Esto es sencillo: Están las mujeres, que de caracterizan por no abandonar las primeras dos filas de máquinas (las correspondientes a cardiovasculares) que, imagino, van para perder peso, o lo que sea. Y luego está la tía buena. Sí, sí, en singular. Le dedicaré una entrada aparte seguramente, así que sólo diré que entró un par de días después que yo y ya alcanzado a hacer la rutina que yo hago.
Lo cual me deja en la categoría de tirillas al que puede una mujer. Y bien orgulloso que estoy, hombre.
Y nada más. Probablemente haga una segunda parte de esta entrada, según vaya conociendo más y más gente y las clasifique metalmente en más y más grupos simplemente para autoconvencerme más y más que aunque ellos levanten unos hierros de la ostia... yo soy más gracioso.
Larga picha y prosperidad
*Esto de aquí. Haced clic donde pone "aquí". No, no me miréis con esa cara de "Jose, sé cómo funciona un hipervínculo" porque alguna vez ya lo he tenido que explicar.
lunes, 6 de abril de 2015
Los músculos pequeños te hacen sentir inútil.
Bueno, a ver, pa empezá... Como veis llevo mazo tiempo sin subir nada. Eso es simplemente porque voy a esperar a escribir entradas a cuando realmente tenga algo que decir. Así yo me ahorro el comerme la cabeza y escribir forzado, y vosotros os ahorráis el leer una entrada de mierda. Con esto aclarado, vamos al tema.
Con músculos pequeños me refiero a tales como el triceps, el pectoral (al menos en mi caso, que soy un tirillas) o los antebrazos. Justo los que me han tocado hoy en la nueva rutina. Y me cago en la ostia puta.
De pectorales bien, que ya estaba acostumbrado, pero los tríceps... Eso es harina de otro costal. ¿Recordáis como en la segunda o tercera entrada os hablaba de lo ridículo que me sentía cuando me tocaba levantar la barra larga de pesas con los pesos más pequeñitos que había disponibles y aún así me costaba? Hoy he hecho tres ejercicios con la barra larga desnuda. Solo levantando y bajando la barrita, que debía pesar dos kg como mucho.
He alcanzado un nuevo nivel de patetismo. Y me he propuesto mi primera meta: dejar de dar la pena en el gimnasio.
Hay un momento muy curioso que quiero compartir con vosotros. Y es que cuando hablamos de músculos pequeños pasa algo bastante interesante. No es como si ahora os digo "levantad esta mancuerna de 30 kg", que probablemente, aunque os costara, podríais hacer un par de repeticiones con ella, apretando el culo hasta que los músculos se os quedasen flojos. Con los músculos pequeños ocurre que, como los pesos no pueden ser muy grandes, no notas que tengas que hacer mucho esfuerzo. Y comienzas las repeticiones. Y llega un momento en el que el músculo dice "Nop, ya no me muevo", y no es como con los músculos grandes que puedes, como he dicho antes, apretar el ojete y hacer una más. No, si dice que no, es que no. No se mueve el condenao, como si en lugar de articulación tuvieses una pieza angulada que no diese más de sí. La primera vez que me ha ocurrido ha sido muy confuso, y me he partido de risa, y no sé, me apetecía contároslo.
Y... nada más. Comienzan a normalizarse los días, la gente a ser más aburrida, comienzo a acostumbrarme a la rutina... Las cosas me sorprenden menos, pero no os preocupéis que tengo un par de cosillas en la recámara por si las moscas.
Besis de... (ya no sé ni qué frutas he puesto)
Besis de Ruffles York'eso. Que están tó ricas.
PD: Pol cielto, cierta gente me ha dicho ya que por qué hablo sólo del gimnasio, que por que no escribo más de mis mierdas un poco off topic. ¿Qué opináis? Como todos los que me leéis me seguís por Twitter, podéis contestarme por ahí.
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